Esta estrategia busca criminalizar al gobierno venezolano para legitimar acciones más drásticas, incluyendo una posible intervención militar.

El propio Maduro ha respondido que estas acciones son un pretexto “para justificar una guerra, un cambio de régimen y robarnos la inmensa riqueza petrolera”. La narrativa estadounidense es cuestionada por informes como el de las Naciones Unidas sobre drogas, que indica que solo el 5 % de la droga colombiana transita por Venezuela y que el país se ha consolidado como un territorio libre de cultivos ilícitos.

Sin embargo, para la Casa Blanca, las pruebas verificadas parecen ser secundarias frente a sus objetivos geopolíticos.

La designación de cárteles como organizaciones terroristas es una herramienta que, según expertos, podría habilitar el uso directo de la fuerza militar estadounidense fuera de sus fronteras.