El presidente Trump aseguró que a Nicolás Maduro “tiene los días contados” y desplegó una batería de medidas coercitivas.

Esto incluye el mayor despliegue militar en el Caribe desde la invasión a Panamá, con portaaviones y submarinos nucleares, bajo la operación “Lanza del Sur”. En el marco de esta operación, se han atacado más de 20 embarcaciones en aguas internacionales, causando más de 100 muertes, bajo el argumento de la lucha contra el narcotráfico.

Adicionalmente, la Casa Blanca autorizó a la CIA para realizar operaciones en territorio venezolano y ha endurecido las sanciones económicas.

El exembajador de EE. UU., John Feeley, interpreta esta escalada como una necesidad de Trump de mostrar fortaleza, afirmando que “necesita destruir algunos objetivos en Venezuela o parecerá débil”. Esta política ha sido rechazada por otros actores regionales, como el gobierno de México, que a través de la presidenta Claudia Sheinbaum ha rechazado las “intervenciones” y ha pedido un papel “más protagónico” a la ONU. Por su parte, el presidente Nicolás Maduro ha denunciado que el objetivo real de estas acciones es justificar una intervención para apoderarse de las riquezas petroleras del país. Analistas como Juan Negri, de la Universidad Torcuato Di Tella, advierten sobre el riesgo de un “efecto cascada” de violencia y migración en la región como consecuencia de esta confrontación.