México decidió entrar en la disputa petrolera del Caribe con el envío de 80.000 barriles de crudo a Cuba para ayudar a paliar su crisis. Asimismo, Rusia envió 330.000 barriles de petróleo en un buque sancionado.

Estas acciones demuestran cómo el conflicto entre Estados Unidos y Venezuela repercute en toda la región, forzando a otros países a tomar partido y evidenciando que la ofensiva de Washington contra Maduro se inscribe en una lógica que revive la Guerra Fría, tratando a La Habana y Caracas como un mismo eje a neutralizar.