En respuesta al bloqueo naval y la confiscación de sus buques petroleros, el gobierno de Nicolás Maduro ha lanzado una contraofensiva diplomática, calificando las acciones de Estados Unidos como “acciones de piratería estatal”. Caracas ha buscado activar mecanismos en las Naciones Unidas para sancionar a Washington y ha solicitado formalmente el respaldo de los países de Latinoamérica y de 149 jefes de Estado de la ONU. Esta estrategia ha encontrado un respaldo crucial en Rusia y China, quienes han cerrado filas con Venezuela en el Consejo de Seguridad de la ONU. Ambos países condenaron la incautación de los petroleros y cuestionaron las operaciones militares de EE.
UU. en el Caribe, asegurando que “amenazan la paz y la seguridad en América Latina”. El apoyo se materializó en una conversación telefónica entre el canciller venezolano, Yván Gil, y su homólogo ruso, Serguéi Lavrov, en la que Moscú reafirmó su “pleno respaldo político y diplomático” y ofreció “toda su cooperación” ante lo que Caracas considera “agresiones”. Lavrov expresó su “profunda preocupación” por la escalada y se comprometió a coordinar posiciones en foros internacionales.
Sin embargo, los artículos señalan que este apoyo, aunque firme en el ámbito diplomático, no se ha traducido en un compromiso de defensa militar en caso de una agresión. Desde Washington, figuras como el secretario de Estado Marco Rubio han minimizado el respaldo ruso, argumentando que Moscú tiene “las manos ocupadas” con la guerra en Ucrania, lo que limitaría su capacidad de influencia directa en el Caribe.
En resumenEl gobierno venezolano ha respondido al bloqueo estadounidense con una fuerte ofensiva diplomática, denunciando las acciones como piratería y buscando apoyo en la ONU. Rusia y China se han consolidado como sus principales aliados internacionales, ofreciendo un respaldo político clave en el Consejo de Seguridad, aunque sin compromisos militares explícitos.