Este nuevo panorama político es aprovechado por Estados Unidos para intensificar su presión sobre Venezuela. La retórica del presidente Donald Trump, quien declaró haber apoyado los triunfos derechistas en Honduras y Chile, y su afirmación de que Estados Unidos debe recuperar “todo el petróleo, las tierras y otros activos” de Venezuela, es vista como una amenaza directa no solo para Caracas, sino para toda la región. Gobiernos de la “marea azul” tienden a alinearse con los intereses geoestratégicos de Washington, desmontando políticas sociales, promoviendo el libre mercado y, en algunos casos, firmando acuerdos militares como los SOFA con Estados Unidos. Esta división ideológica se hizo patente en la cumbre del Mercosur, donde la advertencia del brasileño Lula da Silva sobre una catástrofe en Venezuela chocó con la postura del argentino Javier Milei, quien apoya la presión estadounidense. Así, la pugna social entre élites económicas y sectores populares se agudiza en un continente cada vez más polarizado.