La prolongada crisis en Venezuela continúa generando un éxodo masivo que impacta profundamente a los países de la región, con Colombia como uno de los principales receptores. La migración venezolana se ha convertido en un fenómeno estructural con consecuencias económicas, sociales y geopolíticas significativas tanto para los países de acogida como para el sistema internacional. Según el Informe de Perspectivas Migratorias 2025 de la OCDE, los venezolanos encabezan las listas de solicitudes de asilo en diversas latitudes y, junto con los colombianos, son los que más se mudan a Estados Unidos y España. A nivel regional, países como Chile y México también registran una alta llegada de migrantes venezolanos.
En el caso de Colombia, la situación es particularmente delicada. La llegada de millones de personas ha generado presiones significativas sobre los sistemas de salud, educación y empleo, evidenciando las limitaciones estructurales del Estado colombiano para gestionar el fenómeno. La frontera colombo-venezolana se ha transformado en un espacio de alta conflictividad, marcado por la militarización y la presencia de economías ilegales. Aunque la migración ha aportado mano de obra y dinamismo en ciertos sectores, su gestión representa un desafío mayúsculo.
Este éxodo es una de las externalizaciones más visibles del conflicto venezolano, donde los costos sociales recaen de manera desproporcionada sobre los países vecinos, atrapados entre la confrontación geopolítica y sus propias vulnerabilidades.
En resumenEl éxodo venezolano persiste como una de las mayores crisis migratorias del mundo, generando una fuerte presión sobre los servicios y la estabilidad de países vecinos, especialmente Colombia. La gestión de este fenómeno evidencia las limitaciones estructurales de los países receptores y los costos humanos de la crisis geopolítica regional.