Durante una cumbre del Mercosur, Lula afirmó que una guerra en Venezuela no solo tendría consecuencias devastadoras para su población, sino que además sentaría un “precedente peligroso para el mundo”. Subrayó que, cuatro décadas después de la Guerra de las Malvinas, el continente “vuelve a ser acechado por la presencia militar de una potencia extrarregional”, poniendo en riesgo la estabilidad de una región que se considera zona de paz. Ante la gravedad del escenario, y tras las declaraciones del presidente estadounidense Donald Trump en las que no descartaba una acción militar, Lula se ofreció formalmente a mediar entre Washington y Caracas para evitar una escalada. Esta posición contrasta marcadamente con la de otros líderes del bloque, como el presidente argentino Javier Milei, quien celebra la presión ejercida por Trump. Este choque de posturas en el seno del Mercosur visibiliza la fractura ideológica en América del Sur, donde los gobiernos de izquierda y derecha mantienen visiones opuestas sobre cómo abordar la crisis venezolana y la política de máxima presión de Estados Unidos.