Washington sostiene que los buques interceptados forman parte de una “flota fantasma” utilizada para “traficar petróleo robado y financiar” estas actividades ilícitas.
Rubio ha declarado que estos grupos representan “la amenaza más importante de la región” y que el régimen venezolano no solo no coopera en la lucha contra el crimen, sino que colabora con “elementos criminales y terroristas”, mencionando también vínculos con Irán y Hezbolá. Esta narrativa enmarca la presión económica y el bloqueo naval no como una disputa por recursos o ideología, sino como una operación de seguridad hemisférica. Sin embargo, varios analistas y el propio gobierno venezolano cuestionan esta versión, sugiriendo que la lucha contra el narcotráfico es un pretexto para justificar una intervención con intereses energéticos y geopolíticos de fondo, destinados a provocar la caída del gobierno de Maduro.












