Entre los buques interceptados se mencionan el Skipper, el Centuries y el Bella 1.

Las acciones militares no se han limitado a la persecución de tanqueros; también se reporta que tanto Estados Unidos como Venezuela están bloqueando señales de GPS en la región, lo que, según la Administración Federal de Aviación, pone en grave peligro a la aviación civil. El gobierno venezolano ha calificado estas acciones como actos de “piratería internacional” y un “robo descarado”, mientras que analistas internacionales señalan que la estrategia se enmarca en el “nuevo corolario Trump a la doctrina Monroe”, utilizando el control económico como un experimento de dominio en América Latina. La ofensiva ha generado una profunda preocupación en la región por el riesgo de un conflicto armado y por la desestabilización de las rutas marítimas y aéreas.