Washington justifica estas acciones acusando a Venezuela de utilizar una “flota fantasma” para evadir sanciones, traficar petróleo y financiar lo que describe como un “régimen narcoterrorista”.

Según la secretaria de Seguridad Nacional de EE. UU., Kristi Noem, el buque Centuries transportaba crudo de la estatal PDVSA y utilizaba una “bandera falsa”. Estas operaciones se presentan como parte de una estrategia más amplia para cortar la principal fuente de ingresos del gobierno venezolano. La medida ha generado un aumento de la incertidumbre en el sector energético y ha elevado los riesgos de seguridad en una de las rutas marítimas más estratégicas de la región. Analistas advierten que, si bien el objetivo es asfixiar económicamente a Caracas, la estrategia podría profundizar la crisis humanitaria en Venezuela y tener consecuencias imprevistas para la estabilidad regional y para los propios intereses estadounidenses.