Inicialmente, Petro se posicionó como una de las voces “más lúcidas del progresismo continental”, denunciando con firmeza las agresiones en el Caribe.

Sin embargo, su postura parece haberse erosionado al ensayar una narrativa de “puentes difusos” hacia la administración estadounidense. Ha propuesto fórmulas de “amnistía” para sectores de la oposición venezolana que han promovido el golpismo, lo que ha sido criticado por equiparar al “proceso bolivariano” con sus agresores y desplazar el foco de la agresión externa a un supuesto “conflicto interno”. Esta estrategia conciliadora no ha sido recompensada por Washington; por el contrario, Donald Trump amenazó con convertir a Petro en el “siguiente objetivo” si se oponía a sus planes de intervención. Este dilema expone la dificultad de mantener una postura de principios frente al imperialismo sin sufrir consecuencias, y ha sido interpretado por algunos analistas como una señal de vulnerabilidad que podría ser explotada por Estados Unidos.