Las duras acusaciones mutuas marcan un punto de quiebre en las relaciones diplomáticas y anticipan un periodo de mayor tensión regional. El conflicto se desató tras las declaraciones de Kast en Buenos Aires, donde respaldó una posible intervención de Estados Unidos en Venezuela para poner fin a lo que calificó como una “narcodictadura”.
En respuesta, durante su programa “Con Maduro+”, el mandatario venezolano lanzó duras críticas contra el presidente electo chileno, a quien llamó “pinochetista convicto”. Maduro también emitió una advertencia directa sobre el trato a los migrantes venezolanos en Chile, declarando: “Cuidadito le toca un pelo a un venezolano.
Quien se mete con Venezuela se seca”.
Esta amenaza fue una reacción a las promesas de campaña de Kast de endurecer las políticas migratorias, incluyendo la expulsión masiva de migrantes en situación irregular.
Kast, por su parte, no ha respondido directamente a los últimos comentarios de Maduro, pero su postura sobre Venezuela ha sido consistente.
El presidente electo de Chile considera que la crisis venezolana es un problema regional que afecta la seguridad y estabilidad de todo el continente, justificando así una postura más firme y coordinada. Este intercambio de acusaciones entre “narcodictador” y “pinochetista” no es solo una disputa personal, sino el reflejo de la consolidación de dos bloques antagónicos en la región: uno de gobiernos de derecha y centroderecha (Chile, Argentina, Ecuador) y otro de izquierda (Venezuela, Colombia, Brasil).












