Venezuela es uno de los objetivos centrales de esta doctrina.

Las acciones concretas, como el bloqueo “total y completo” a buques petroleros sancionados y el masivo despliegue naval en el Caribe, son vistas como la implementación directa de estos lineamientos. El objetivo, según analistas, es ejercer máxima presión para forzar un cambio de régimen, argumentando que la situación en Venezuela representa una amenaza para la seguridad regional. Este resurgimiento de una política intervencionista ha generado preocupación en el continente, ya que evoca un historial de 41 intervenciones estadounidenses en América Latina durante el último siglo. La nueva doctrina es percibida no solo como una estrategia geopolítica para contrarrestar la influencia de potencias como China y Rusia en la región, sino también como una justificación para proteger intereses económicos y energéticos de Estados Unidos, tal como ocurrió en episodios históricos de intervencionismo.