La administración de Donald Trump ha formalizado una nueva estrategia de seguridad nacional que reivindica explícitamente la Doctrina Monroe de 1823, adaptándola al siglo XXI en lo que analistas han denominado la “Doctrina Donroe”. Este enfoque busca restaurar la preeminencia de Estados Unidos en el hemisferio occidental, con un foco particular en contener a gobiernos considerados hostiles, como el de Venezuela. El documento de 29 páginas, difundido por la Casa Blanca, establece como prioridades frenar la inmigración ilegal, combatir el narcotráfico y fortalecer alianzas con gobiernos ideológicamente afines. Este marco estratégico, llamado oficialmente el “corolario Trump a la doctrina Monroe”, justifica una política exterior más activa y directa, incluyendo una mayor presencia militar en la región.
Venezuela es uno de los objetivos centrales de esta doctrina.
Las acciones concretas, como el bloqueo “total y completo” a buques petroleros sancionados y el masivo despliegue naval en el Caribe, son vistas como la implementación directa de estos lineamientos. El objetivo, según analistas, es ejercer máxima presión para forzar un cambio de régimen, argumentando que la situación en Venezuela representa una amenaza para la seguridad regional. Este resurgimiento de una política intervencionista ha generado preocupación en el continente, ya que evoca un historial de 41 intervenciones estadounidenses en América Latina durante el último siglo. La nueva doctrina es percibida no solo como una estrategia geopolítica para contrarrestar la influencia de potencias como China y Rusia en la región, sino también como una justificación para proteger intereses económicos y energéticos de Estados Unidos, tal como ocurrió en episodios históricos de intervencionismo.
En resumenLa reactivación de la Doctrina Monroe bajo el “corolario Trump” o “Doctrina Donroe” formaliza una política exterior estadounidense más intervencionista en América Latina. Con Venezuela como uno de sus focos principales, esta estrategia justifica acciones económicas y militares para restaurar la influencia de Washington y contrarrestar a gobiernos adversarios en la región.