El evento ha catalizado la polarización en América Latina.

Mientras líderes de la derecha regional y el expresidente colombiano Iván Duque, presente en Oslo, lo celebraron como una herramienta para consolidar un “cerco diplomático” contra Maduro, mandatarios de izquierda como Gustavo Petro lo desestimaron. Petro calificó a Machado como “una persona despreciable que invita a invadir su propio país”, evidenciando la profunda fractura ideológica en el continente. El Nobel a Machado, a diferencia del otorgado a Juan Manuel Santos en 2016 para respaldar un proceso de paz, premia una confrontación abierta y legitima internacionalmente a la oposición venezolana, otorgándole un aval moral que la posiciona como una figura central en cualquier escenario de transición.