Este apoyo subraya la dimensión geopolítica del conflicto venezolano, enmarcado en una pugna global entre potencias. Según un comunicado del Kremlin, el mandatario ruso confirmó en una llamada telefónica su apoyo a la política del gobierno de Maduro, la cual está "dirigida a proteger la soberanía venezolana ante la 'creciente presión externa'". Este respaldo diplomático de alto nivel llega en un momento crítico, coincidiendo con la incautación de un petrolero venezolano por parte de Estados Unidos y la reaparición internacional de la líder opositora María Corina Machado. Precisamente, Machado ha denunciado la presencia de "agentes rusos" operando libremente en Venezuela con el beneplácito del régimen, lo que sugiere que el apoyo de Moscú no se limita al ámbito diplomático. La alianza con Rusia proporciona a Maduro un escudo crucial en el escenario internacional, especialmente en foros como el Consejo de Seguridad de la ONU, donde Moscú puede vetar resoluciones contrarias a sus intereses. Este respaldo complica cualquier estrategia de presión liderada por Estados Unidos, ya que inserta la crisis venezolana directamente en la rivalidad geopolítica entre Washington y sus adversarios. Para el gobierno de Maduro, el apoyo de Putin es un pilar fundamental que le permite resistir el aislamiento y las sanciones, consolidando a Venezuela como un punto clave en el tablero de la confrontación global.