Junto a él se alinearon figuras como Javier Milei de Argentina y Daniel Noboa de Ecuador.
Por otro lado, el bloque de izquierda ha quedado en una posición incómoda. Mandatarios como Lula da Silva de Brasil y Claudia Sheinbaum de México han optado por una prudencia diplomática, mientras que el presidente Petro rompió el protocolo con una postura agresiva, calificando a Machado como una "persona despreciable que invita a invadir su propio país". Esta reacción evidencia que, para este sector, el Nobel es visto como una "instrumentalización política" de Oslo para validar un cambio de régimen impulsado desde Washington. El galardón ha tenido un efecto paradójico: mientras internacionalmente legitima a la oposición, regionalmente destruye los frágiles intentos de diálogo que promovían países como Brasil y Colombia.











