Esta postura busca forzar a los gobiernos a tomar partido, argumentando que o se está con la laureada o con el régimen.

Por otro lado, el “Efecto Nobel” ha arrinconado discursivamente a los líderes de izquierda.

Mientras algunos como Lula da Silva (Brasil) han optado por un silencio diplomático, el presidente colombiano Gustavo Petro ha adoptado una postura frontalmente crítica. Petro calificó a Machado como una “persona despreciable que invita a invadir su propio país”, deslegitimando el galardón como un premio a la intervención extranjera. Para este bloque, el Nobel es visto como una “instrumentalización política” de Oslo para validar un cambio de régimen impulsado desde Washington.

Esta fractura demuestra que la crisis venezolana sigue siendo el principal campo de batalla ideológico del continente.