Tras su llegada a Oslo, la propia Machado agradeció el premio, calificándolo como un “reconocimiento al pueblo venezolano”. El evento ha sido interpretado como un mensaje contundente de la comunidad internacional contra el régimen de Nicolás Maduro. El presidente del Comité Nobel, Jorgen Watne Frydnes, instó directamente a Maduro a abandonar el poder.

Sin embargo, el premio también ha exacerbado la polarización en América Latina, evidenciando una fractura ideológica.

Mientras líderes como el expresidente colombiano Iván Duque lo utilizan para presionar a Maduro, otros, como el presidente Gustavo Petro, lo descalifican como un premio a la intervención extranjera.