El ministro de Defensa de Venezuela, Vladimir Padrino López, advirtió que Estados Unidos “quiere” y “pretende” hacer “una guerra en Latinoamérica y en el Caribe”, una visión compartida por Nicolás Maduro, quien considera el despliegue una “amenaza” para propiciar un cambio de régimen. La movilización incluye el portaviones Gerald Ford, aeronaves de combate y buques de desembarco, justificada por Washington como parte de una ofensiva antidrogas.

Sin embargo, esta justificación es vista con escepticismo en la región.

El presidente de Colombia, Gustavo Petro, ha sido una de las voces más críticas, cuestionando la falta de coordinación latinoamericana y argumentando que “no existen aguas internacionales en el Caribe”, por lo que cualquier operación militar afecta directamente a los pueblos de la zona. Petro calificó la acción como una “invasión” y la vinculó al interés estadounidense en el petróleo venezolano.

Organizaciones de derechos humanos han denunciado que estos operativos han causado muertes de civiles, calificándolos como “ejecuciones extrajudiciales”. Analistas y medios enmarcan esta escalada como parte de una estrategia de máxima presión de la administración Trump, que busca no solo combatir el narcotráfico, sino también consumar el objetivo de deponer al gobierno chavista e instalar uno afín a los intereses de corporaciones occidentales sobre las reservas petroleras del país.