Wilson confirmó que las fuerzas estadounidenses podrían ser desplegadas según lo ordene el presidente en tal crisis.

El anuncio añade una dimensión concreta a la presión política y militar ejercida por la administración Trump.

Señala tanto al régimen de Maduro como a la comunidad internacional que EE.

UU. no solo está amenazando con acciones, sino que también se está preparando para las secuelas de un posible colapso del régimen.

Esta preparación para una Venezuela post-Maduro refuerza la credibilidad del ultimátum de EE. UU. y sugiere que Washington está considerando los desafíos logísticos y de seguridad de una transición de poder, ya sea negociada o forzada.