Estas peticiones buscan evitar una confrontación armada y priorizar soluciones negociadas para proteger a la población civil.
A medida que las tensiones entre EE.
UU. y Venezuela alcanzan un punto crítico, destacadas figuras y gobiernos internacionales han instado a la desescalada.
El Papa León XIV ha sido una voz principal, expresando una profunda “preocupación ante el riesgo de una posible invasión de Venezuela”. Durante una rueda de prensa en su vuelo de regreso de Turquía y Líbano, afirmó que “siempre es mejor buscar maneras de diálogo o presiones, quizá económicas, para lograr un cambio en Venezuela, antes que atacar el país”. El Papa destacó las señales contradictorias de Washington, mencionando tanto la llamada telefónica entre los presidentes como el simultáneo “peligro de una operación que incluso invada territorio venezolano”. Enfatizó que la prioridad de la Iglesia es el bienestar del pueblo venezolano, que es quien más sufre en el conflicto.
China también ha manifestado su oposición, con su portavoz del Ministerio de Asuntos Exteriores rechazando toda “injerencia de fuerzas externas en los asuntos internos de Venezuela”. Estos llamados a una resolución pacífica contrastan fuertemente con la postura militar agresiva de EE. UU. y sus amenazas de ataques terrestres, lo que evidencia una división global sobre cómo manejar la crisis venezolana. La intervención del Papa, en particular, añade un peso moral significativo al argumento en contra de la intervención militar, abogando por la diplomacia sobre la violencia.












