La administración de Donald Trump ha intensificado su presión sobre Venezuela, anunciando la posibilidad de ataques terrestres como una nueva fase de su ofensiva antidrogas en el Caribe. Esta escalada militar eleva significativamente la tensión en la región y abre un debate sobre la soberanía y el derecho internacional. El gobierno de Estados Unidos, bajo la presidencia de Donald Trump, ha elevado su retórica y postura militar contra Venezuela. Trump anunció que los ataques terrestres contra estructuras del narcotráfico dentro de Venezuela comenzarían “muy pronto”. Esta declaración sigue a la operación “Lanza del Sur”, que ya ha implicado ataques a presuntas narcolanchas en el Caribe, resultando en más de 80 muertes según el Pentágono.
Trump justificó las posibles incursiones terrestres afirmando: “En tierra es mucho más fácil.
Conocemos las rutas que toman.
Lo sabemos todo sobre ellos. Sabemos dónde viven los malos”.
La justificación se basa en la lucha contra el “Cartel de los Soles”, que EE.
UU. ha designado como organización terrorista presuntamente liderada por Nicolás Maduro. Este despliegue militar es visto por algunos analistas como una forma de presionar la salida de Maduro, pero también como una distracción de los problemas políticos internos de Trump.
La medida ha sido ampliamente criticada a nivel internacional, con China rechazando cualquier injerencia externa y el Papa León XIV expresando profunda preocupación por una posible “invasión del territorio”.
La amenaza también se ha extendido a otros países, incluyendo a Colombia, que según Trump podría ser “sujeto de ataques” por su producción de cocaína, desestabilizando aún más la región.
En resumenLa amenaza de ataques terrestres por parte de EE. UU. marca una peligrosa escalada en el conflicto con Venezuela, pasando de operaciones marítimas a una posible intervención directa. Esta estrategia, justificada como una lucha contra el narcoterrorismo, ha generado condena internacional y aumenta los temores de un conflicto regional más amplio, con graves implicaciones para la soberanía de Venezuela y la estabilidad de países vecinos como Colombia.