UU. para reiniciar estos vuelos.
La medida es significativa, ya que ocurre en medio de una crisis de conectividad aérea. Con esta autorización, la administración de Maduro busca proyectar una imagen de control y normalidad, desafiando la narrativa estadounidense de un espacio aéreo peligroso. Al mismo tiempo, Caracas denunció que Washington había suspendido unilateralmente los vuelos de repatriación antes de esta nueva solicitud.
Según cifras del gobierno venezolano, este año se han realizado unos 75 vuelos que han deportado a casi 14.000 venezolanos desde Estados Unidos.
La reanudación de estos vuelos, solicitada por EE. UU. y autorizada por Venezuela, añade una capa de complejidad a la tensa relación bilateral, mostrando que, incluso en medio de la confrontación, existen canales de cooperación para asuntos migratorios.












