El presidente Donald Trump ha intensificado aún más las tensiones al amenazar con inminentes ataques terrestres dentro del territorio venezolano.

La operación, denominada “Lanza del Sur”, ha movilizado un considerable poderío naval y aéreo, incluyendo al menos ocho buques de guerra, cazas F-35 y más de seis mil militares. Desde septiembre, esta ofensiva ha resultado en la destrucción de 21 embarcaciones y la muerte de más de 80 personas, a quienes el Pentágono califica de “narcoterroristas”. La justificación oficial de Washington es desmantelar el “Cartel de los Soles”, una organización que acusa a Maduro de liderar. Sin embargo, esta narrativa es cuestionada por diversos analistas, quienes señalan que Venezuela no es una ruta principal de narcotráfico hacia EE. UU. y que la operación es desproporcionada.

El propio Trump ha elevado la retórica, afirmando: “Vamos a empezar a realizar esos ataques también en tierra.

Sabemos dónde viven los malos”.

Esta postura es descrita en algunos análisis como una conducta de “pirómano”, que busca crear crisis para distraer de problemas internos. El gobierno venezolano ha respondido calificando las acciones de “terrorismo psicológico” y una excusa para apropiarse de los recursos petroleros del país, mientras la región observa con preocupación el riesgo de un conflicto armado.