A pesar de las alianzas estratégicas de Venezuela con potencias como Rusia, China e Irán, analistas internacionales señalan que estos países no tendrían la capacidad o la voluntad política de intervenir militarmente en caso de un ataque estadounidense. Esta situación deja al gobierno de Nicolás Maduro en una posición de creciente aislamiento y vulnerabilidad frente a la presión de Washington. Durante las últimas dos décadas, Venezuela ha construido un “eje autoritario” de aliados para contrarrestar la influencia de Estados Unidos, recibiendo apoyo económico, diplomático y militar. Rusia ha sido un proveedor clave de armamento, incluyendo misiles y aviones de combate, mientras que China otorgó préstamos multimillonarios que sostuvieron a los gobiernos de Chávez y Maduro.
Irán, por su parte, ha enviado asistencia técnica para la industria petrolera.
Sin embargo, los expertos advierten que este respaldo tiene límites claros en un escenario de confrontación directa. Un analista citado en los informes señala que “ninguno de los aliados de Maduro tiene la capacidad o la voluntad política de aumentar su apoyo de un modo que incline la balanza de un conflicto de este tipo”. Se considera que Rusia difícilmente se involucraría en un conflicto militar directo con Estados Unidos en el Caribe, y el interés principal de China es asegurar el pago de su deuda a través de petróleo, no una confrontación geopolítica. Este “eje autoritario”, según los análisis, parece sólido en tiempos de paz, pero es “considerablemente más débil cuando se le pone a prueba”, lo que subraya la soledad estratégica de Maduro ante la escalada militar estadounidense.
En resumenA pesar de la retórica de respaldo, los principales aliados internacionales de Venezuela, como Rusia y China, probablemente no ofrecerían una intervención militar directa en caso de un ataque de EE. UU. Esta falta de un respaldo militar tangible deja al gobierno de Maduro en una posición de vulnerabilidad estratégica ante la creciente presión de Washington.