El presidente Donald Trump declaró que el espacio aéreo sobre y alrededor de Venezuela debía considerarse "cerrado en su totalidad", una medida que provocó la suspensión masiva de vuelos internacionales y fue calificada por Caracas como una "amenaza colonialista". La acción, aunque de disputada legalidad internacional, ha dejado al país en un virtual aislamiento aéreo. La advertencia de Trump, difundida el 29 de noviembre a través de su red social Truth, fue dirigida a “aerolíneas, pilotos, narcotraficantes y traficantes de personas”. Esta declaración siguió a un aviso emitido el 21 de noviembre por la Administración Federal de Aviación de EE. UU. (FAA), que instaba a “extremar la precaución” por una “situación potencialmente peligrosa” en la región debido al aumento de la actividad militar.
La reacción del sector aéreo fue inmediata: al menos ocho aerolíneas internacionales, incluyendo Iberia, Avianca, Air Europa, TAP Air Portugal, LATAM, GOL y Turkish Airlines, suspendieron sus operaciones hacia Venezuela.
El gobierno de Nicolás Maduro respondió revocando los permisos de operación de seis de estas compañías, acusándolas de sumarse a lo que denominó “terrorismo de Estado”. Como consecuencia, la conectividad aérea del país se desplomó, pasando de 105 vuelos internacionales semanales a solo 79.
El gobierno venezolano denunció la medida como un “acto hostil, unilateral y arbitrario” y anunció un “plan especial” para repatriar a los ciudadanos varados, mientras que aerolíneas como Wingo y Copa Airlines mantuvieron operaciones limitadas.
En resumenLa declaración de cierre del espacio aéreo por parte de Trump, si bien no fue una orden militar formal, tuvo un efecto inmediato al provocar la suspensión de vuelos de importantes aerolíneas internacionales. Esta situación ha profundizado el aislamiento de Venezuela y ha generado una crisis de conectividad con graves consecuencias para miles de viajeros.