La reacción del sector aéreo fue inmediata: al menos ocho aerolíneas internacionales, incluyendo Iberia, Avianca, Air Europa, TAP Air Portugal, LATAM, GOL y Turkish Airlines, suspendieron sus operaciones hacia Venezuela.

El gobierno de Nicolás Maduro respondió revocando los permisos de operación de seis de estas compañías, acusándolas de sumarse a lo que denominó “terrorismo de Estado”. Como consecuencia, la conectividad aérea del país se desplomó, pasando de 105 vuelos internacionales semanales a solo 79.

El gobierno venezolano denunció la medida como un “acto hostil, unilateral y arbitrario” y anunció un “plan especial” para repatriar a los ciudadanos varados, mientras que aerolíneas como Wingo y Copa Airlines mantuvieron operaciones limitadas.