El gobierno de Estados Unidos designó formalmente al “Cartel de los Soles” como una organización terrorista extranjera (FTO, por sus siglas en inglés), vinculando directamente al presidente Nicolás Maduro y a altos funcionarios de su régimen con el narcotráfico. Esta medida representa una escalada jurídica y diplomática que sirve como justificación principal para el aumento de la presión militar y las sanciones contra Venezuela. La designación permite a las autoridades estadounidenses congelar activos, investigar a personas y entidades vinculadas, y amplía la base legal para futuras acciones, incluidas las militares, bajo el pretexto de la lucha contra el narcoterrorismo. Washington acusa a Maduro de ser el líder de esta estructura criminal, la cual, según su narrativa, está compuesta por funcionarios gubernamentales corruptos que utilizan el poder del Estado para facilitar operaciones ilícitas. Como parte de esta ofensiva, el gobierno estadounidense mantiene una recompensa de 50 millones de dólares por información que conduzca a la captura de Maduro. El régimen venezolano ha rechazado categóricamente estas acusaciones, calificándolas de “ridícula patraña” y un “invento” de Washington para legitimar una intervención.
Diosdado Cabello, alto funcionario del chavismo, describió la designación como “puro espectáculo”.
Analistas citados en los artículos señalan que la figura del “Cartel de los Soles” responde más a una construcción mediática que a una organización criminal con una estructura definida y jerárquica, y que el papel de Venezuela en las rutas del narcotráfico es marginal en comparación con otros corredores.
En resumenLa designación del 'Cartel de los Soles' como grupo terrorista por parte de EE. UU. formaliza la acusación de que el régimen de Maduro es un narcoestado. Esta medida proporciona a Washington un marco legal más amplio para intensificar las sanciones y justificar sus operaciones militares en el Caribe, mientras Caracas desestima las acusaciones como un pretexto para la injerencia.