Esta advertencia llevó a que al menos ocho aerolíneas, incluyendo Iberia, TAP Air Portugal, Avianca, Latam Colombia, Turkish Airlines y Gol, suspendieran sus operaciones.

La tensión escaló el 29 de noviembre, cuando Trump publicó en su red social Truth un mensaje dirigido a “aerolíneas, pilotos, narcotraficantes y traficantes de personas” para que consideraran el espacio aéreo venezolano como cerrado. El gobierno de Nicolás Maduro reaccionó calificando la medida como una “amenaza colonialista” y un “acto hostil”. Tras dar un ultimátum de 48 horas para que las compañías reanudaran sus rutas, el Instituto Nacional de Aeronáutica Civil (INAC) revocó los permisos de operación de seis de ellas, acusándolas de sumarse a “acciones de terrorismo de Estado”. La situación ha dejado a miles de pasajeros varados, estimados en hasta 15.000 por semana, y ha reducido drásticamente la conectividad del país, con una caída de casi el 25% en los vuelos internacionales. Rutas terrestres a través de Cúcuta se han convertido en una de las pocas alternativas, mientras que solo un puñado de aerolíneas como Copa, Wingo y Satena mantienen operaciones limitadas.