En este contexto, Trump declaró que las operaciones militares pasarían del mar a la tierra “muy pronto”, afirmando que sus fuerzas saben “dónde viven los malos”.
Esta ofensiva, denominada “Lanza del Sur”, ya ha implicado el bombardeo de más de una veintena de embarcaciones en el Caribe y el Pacífico, con un saldo de más de 80 personas fallecidas, acciones calificadas por Caracas como ejecuciones extrajudiciales. El despliegue militar incluye el portaaviones USS Gerald R. Ford, el más grande de la Armada estadounidense, junto a buques de guerra y aviones de combate. La amenaza se ha extendido incluso a Colombia, país que Trump sugirió podría ser “susceptible de ser atacado” por tener “fábricas enteras de cocaína”. En respuesta, el gobierno venezolano ha denunciado la ofensiva como “terrorismo psicológico” y un pretexto para forzar un cambio de régimen y apoderarse de sus recursos petroleros.
Nicolás Maduro ha ordenado a la Fuerza Armada Nacional Bolivariana (FANB) mantenerse en alerta.
La analista Cynthia Arnson señaló que “un ataque puede ser inminente”, aunque considera improbable una invasión con tropas, sugiriendo más bien una campaña aérea y naval.
La comunidad internacional, incluyendo a China y al Papa León XIV, ha expresado su preocupación y ha llamado a la moderación y al diálogo.












