La medida se ejecutó después de que el Ministerio de Transporte venezolano diera un ultimátum de 48 horas a las compañías para reanudar sus operaciones, plazo que no fue cumplido. Las aerolíneas habían suspendido sus rutas tras una advertencia de seguridad de la FAA estadounidense sobre el aumento de la actividad militar en el Caribe.
El gobierno venezolano interpretó esta acción como un acto político hostil.
El ministro de Interior, Diosdado Cabello, defendió la decisión con un tono desafiante, declarando: “Quédense con sus aviones y nosotros nos quedamos con nuestra dignidad”.
Además, afirmó que Venezuela “decide quién vuela y quién no” en un acto de soberanía.
La Asociación de Transporte Aéreo Internacional (IATA) instó a Venezuela a reconsiderar la medida, advirtiendo que profundizará el aislamiento del país. Expertos del sector aéreo señalaron que la revocación podría dar lugar a una respuesta recíproca por parte de los países de origen de las aerolíneas afectadas, complicando aún más la ya precaria conectividad internacional de Venezuela.













