Aunque una invasión terrestre a gran escala es vista como poco probable, no se descartan acciones como bombardeos aéreos sobre objetivos estratégicos.
Expertos consultados en los artículos coinciden en que la masiva presencia militar estadounidense en el Caribe, sumada a la designación del “Cartel de los Soles” como grupo terrorista y las amenazas de operaciones terrestres, han creado un escenario de alto riesgo. Cynthia Arnson, del Wilson Center, considera que es “improbable” que la administración Trump retire su despliegue militar “sin hacer nada más que bombardear a las ‘narcolanchas’”. Señala que una campaña aérea y naval es una opción viable para Washington, ya que no arriesgaría vidas estadounidenses.
Luis Fernando Trejos, de la Universidad del Norte, sugiere que un escenario de bombardeos sobre “blancos estratégicos” podría buscar acelerar una transición negociada. Sin embargo, las consecuencias de una acción militar serían devastadoras.
Germán Darío Valencia, de la Universidad de Antioquia, advierte que Colombia sería el país más afectado debido a su cercanía geográfica, anticipando “nuevas oleadas masivas de desplazamiento, impactos militares, económicos y políticos”.
Trejos coincide, proyectando un “colapso del control territorial” en Venezuela y una crisis social en los municipios fronterizos colombianos.
La intervención militar, según Valencia, sentaría un precedente peligroso al aceptar que un país pueda intervenir en otro bajo el pretexto de la lucha antidrogas.













