Trump confirmó esta posibilidad, declarando que “podría hablar” con Maduro si eso permite “salvar muchas vidas”.

Sin embargo, su oferta de diálogo vino acompañada de una advertencia contundente: la crisis se puede resolver “por las buenas o por las malas”.

En una entrevista posterior, afirmó tener “algo muy específico” que comunicarle al líder venezolano.

Funcionarios estadounidenses han descrito este posible acercamiento como parte de una estrategia dual que combina la “presión máxima” con un canal de comunicación abierto.

La intención sería medir los márgenes políticos de Caracas mientras se mantiene el cerco militar en el Caribe. A pesar de la apertura al diálogo, existe un profundo escepticismo en Washington sobre la credibilidad de Maduro.

Una fuente citada por Axios señaló: “Dirá que podemos quedarnos con todo el petróleo y que dejará de enviarlo a Rusia, pero nunca cumple”.

Desde Caracas, la propuesta fue bien recibida.

El fiscal general, Tarek William Saab, afirmó que las conversaciones directas serían “bienvenidas”.

Este movimiento táctico de la Casa Blanca introduce una variable de incertidumbre en la crisis, planteando la duda de si la vía diplomática podría prevalecer sobre una eventual acción militar, aunque funcionarios estadounidenses han aclarado que “todas las opciones están sobre la mesa”.