El mandatario venezolano apela a sus socios internacionales como un contrapeso geopolítico fundamental frente a lo que califica como una agresión directa de Washington para forzar un cambio de régimen. Durante una transmisión en el canal estatal, Maduro describió la relación con China como una alianza de “confianza profunda, amplia y estable”, asegurando que la cooperación bilateral se ha fortalecido en múltiples áreas a pesar de los desafíos actuales. En cuanto a Rusia, el presidente venezolano mencionó haber recibido una carta de su homólogo, Vladimir Putin, en la que este reafirma su respaldo a Venezuela. Maduro destacó que ambos gobiernos trabajan en una comisión intergubernamental para concretar acuerdos en sectores clave como petróleo, finanzas, defensa, cultura y tecnología.
Este acercamiento se produce en un contexto de máxima tensión, marcado por el despliegue naval estadounidense en el Caribe y la designación del 'Cartel de los Soles' como organización terrorista. Al exhibir el respaldo de dos potencias mundiales, el gobierno venezolano busca disuadir una posible acción militar de Estados Unidos, demostrando que no está aislado y que una intervención en su contra podría tener repercusiones en el tablero geopolítico global.
La estrategia de Maduro es clara: posicionar la crisis venezolana no como un asunto regional, sino como un punto de fricción en la disputa por un nuevo orden multipolar.












