El despliegue, que incluyó al menos un bombardero B-52, dos cazas F/A-18 y una aeronave de alerta temprana E-2, fue interpretado como una provocación directa en un momento de máxima fragilidad diplomática. Según el portal de rastreo aéreo FlightRadar24, los aviones sobrevolaron las aguas del Caribe entre la costa venezolana y la isla de Curazao, a una distancia de aproximadamente 65 kilómetros. Este movimiento aéreo no fue un hecho aislado; coincidió con la entrada en vigor de la designación del 'Cartel de los Soles' como organización terrorista por parte de Estados Unidos. Un artículo incluso reportó que un bombardero B-52H habría sobrevolado la isla de Margarita sin autorización.
El Comando Sur de EE. UU. describió la operación como una “demostración de ataque de bombardero” con el objetivo de disuadir actividades ilícitas. La presencia de aeronaves con capacidad nuclear y convencional tan cerca del territorio venezolano es una clara demostración de fuerza y de la capacidad operativa de Washington en la región. Aunque el gobierno de Nicolás Maduro no emitió una reacción oficial inmediata a los sobrevuelos, estas maniobras aumentan significativamente el riesgo de un error de cálculo o una escalada no intencionada, consolidando al Caribe como un punto focal del pulso geopolítico entre ambas naciones.













