Esta dualidad de enfoques, que combina la amenaza militar con la posibilidad de diálogo, ha sido interpretada por analistas como una táctica de “palo y zanahoria”. Mientras el Pentágono refuerza su presencia en el Caribe, la Casa Blanca parece mantener abierta una vía de negociación, creyendo que “una salida diplomática es más probable que un bombardeo”. Por su parte, Nicolás Maduro ha respondido que está dispuesto a un diálogo “cara a cara” y bajo principios de respeto mutuo, insistiendo en que la diplomacia es el único camino. Sin embargo, la desconfianza persiste, y funcionarios estadounidenses aseguran que Maduro probablemente intentará “seducir a Washington” con promesas de elecciones y petróleo barato, ofertas que ha hecho en el pasado sin cumplirlas.