UU. bloqueó en tres ocasiones el paso del petrolero ruso Seahorse, que intentaba entregar combustible al país suramericano.
El incidente evidencia la dimensión global del conflicto, involucrando a otras potencias. El gobierno ruso ha calificado el pretexto de Estados Unidos para su despliegue militar en el Caribe —la lucha contra el narcotráfico— como “completamente inventado”, mostrando su apoyo político al gobierno de Nicolás Maduro. Esta tensión diplomática se materializó en el mar, cuando el destructor estadounidense USS Stockdale interceptó repetidamente al petrolero ruso Seahorse, sancionado por Washington. Según informó Bloomberg, el buque, que partió de Cuba, fue forzado a retroceder en tres intentos de llegar a Venezuela entre el 14 y el 17 de noviembre, quedando finalmente a la deriva en el Caribe sin un rumbo fijo. Este bloqueo naval directo es una clara señal de la determinación de EE.
UU. para cortar las líneas de suministro energético a Caracas, afectando a sus aliados como Moscú.
El incidente demuestra que la crisis venezolana ha trascendido el ámbito regional, convirtiéndose en un escenario de confrontación indirecta entre Estados Unidos y Rusia, dos potencias con intereses estratégicos contrapuestos en América Latina.













