El presidente Donald Trump ha adoptado una postura ambivalente frente a Venezuela, confirmando la autorización de operaciones encubiertas de la CIA en el país mientras, simultáneamente, declara que podría haber discusiones directas con Nicolás Maduro. Esta estrategia de “zanahoria y garrote” genera una profunda incertidumbre sobre los próximos pasos de Washington. Por un lado, informes de agencias como Reuters y The New York Times, citando a altos funcionarios, aseguran que Trump ha dado luz verde a una “nueva fase de operaciones” que incluiría acciones encubiertas como primer paso. Estas operaciones, destinadas a “preparar el campo de batalla”, podrían abarcar sabotajes, acciones cibernéticas o campañas de información para desestabilizar al régimen. El propio Trump afirmó haber “más o menos ya decidido” el curso de acción. Por otro lado, el mandatario ha declarado públicamente que no descarta el diálogo.
“Podríamos tener discusiones con Maduro, y veremos cómo resulta eso.
Ellos quisieran hablar”, afirmó.
En una entrevista con Fox Radio, añadió que planea hablar con el líder venezolano “en un futuro no muy lejano” para decirle “algo muy específico”.
En respuesta, Nicolás Maduro ha manifestado su disposición a un encuentro “cara a cara” para rebajar las tensiones.
Esta dualidad es interpretada por analistas como una táctica de máxima presión, que combina la amenaza militar y de inteligencia con una posible salida diplomática para forzar un quiebre en el gobierno venezolano.
En resumenLa estrategia de Donald Trump hacia Venezuela combina la amenaza de acciones encubiertas autorizadas a la CIA con la posibilidad de un diálogo directo con Nicolás Maduro. Esta postura ambigua busca maximizar la presión sobre el régimen chavista, manteniendo abiertas tanto la vía militar como la diplomática, lo que crea un escenario de alta incertidumbre.