Esta acción ha sido calificada por el gobierno de Nicolás Maduro como una “amenaza” y una “provocación hostil”. El Comando Sur de Estados Unidos (SOUTHCOM) confirmó la llegada del USS Gerald R. Ford, el portaaviones más grande y moderno de su flota, con capacidad para 4.500 tripulantes y más de 70 aeronaves. Este buque se suma a una fuerza ya considerable que incluye destructores, buques anfibios, un submarino de propulsión nuclear y aproximadamente 15.000 efectivos militares, en el marco de la operación “Southern Spear” (Lanza del Sur). La justificación oficial de Washington es el combate al narcotráfico y a las organizaciones criminales transnacionales, a las que acusa de desestabilizar el hemisferio. Sin embargo, la magnitud del despliegue, que incluye aviones de combate F-35 y bombarderos B-52 sobrevolando cerca de la costa venezolana, ha sido interpretada por Caracas y diversos analistas como una demostración de fuerza y una medida de presión directa contra el régimen de Maduro. El gobierno venezolano ha denunciado las maniobras como una “agresión” y ha ordenado la movilización de sus propias fuerzas, declarando una “máxima preparación” para defender su soberanía. La situación ha generado una alerta regional, con países como Trinidad y Tobago apoyando logísticamente a Estados Unidos, mientras que otros, como Brasil, expresan una profunda preocupación por el riesgo de una escalada bélica que rompa la tradicional consideración de Sudamérica como una “zona de paz”.