El presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, reaccionó al Premio Nobel de Paz otorgado a María Corina Machado con descalificaciones e insultos, sin mencionar directamente el galardón. Su discurso se centró en estigmatizar a la líder opositora y enmarcar el reconocimiento como parte de una agresión imperialista. Durante un acto por el “Día de la Resistencia Indígena”, Maduro se refirió a Machado, sin nombrarla, como una “bruja demoníaca” y “la sayona”, una figura del folclor venezolano. Afirmó que “un 90% de la población repudia a la bruja demoníaca de la sayona”, basándose en cifras de una encuestadora afiliada al chavismo. El mandatario acusó a la dirigente de pedir una “invasión extranjera” y de representar a una “minoría ínfima, pero llena de odio”.
La estrategia del gobierno venezolano ha sido consistentemente asociar a Machado con la violencia y la intervención externa para deslegitimar su liderazgo.
Este discurso se intensificó tras el Nobel, presentándolo como una “provocación extranjera” y una “maniobra imperialista”.
En su intervención, Maduro también hizo un llamado a la defensa de la soberanía, afirmando que su pueblo no se rendirá ante “amenazas imperialistas” y está listo para luchar, en una clara alusión a la presencia militar estadounidense en el Caribe. La respuesta del régimen evidencia su intento por minimizar el impacto del premio, recurriendo a ataques personales y a la retórica antiimperialista para cohesionar a su base de apoyo y desviar la atención del reconocimiento internacional a la oposición.
En resumenLa respuesta de Nicolás Maduro al Nobel de Machado consistió en una serie de insultos personales y la reiteración de su narrativa antiimperialista, evitando reconocer el galardón y buscando desacreditar a la líder opositora ante sus seguidores.