La estrategia del gobierno venezolano ha sido consistentemente asociar a Machado con la violencia y la intervención externa para deslegitimar su liderazgo.

Este discurso se intensificó tras el Nobel, presentándolo como una “provocación extranjera” y una “maniobra imperialista”.

En su intervención, Maduro también hizo un llamado a la defensa de la soberanía, afirmando que su pueblo no se rendirá ante “amenazas imperialistas” y está listo para luchar, en una clara alusión a la presencia militar estadounidense en el Caribe. La respuesta del régimen evidencia su intento por minimizar el impacto del premio, recurriendo a ataques personales y a la retórica antiimperialista para cohesionar a su base de apoyo y desviar la atención del reconocimiento internacional a la oposición.