El gobierno de Nicolás Maduro dio inicio oficial a las festividades navideñas el 1 de octubre, una tradición que ha mantenido desde que llegó al poder en 2013. La medida, que implica la decoración de espacios públicos con luces y adornos, es presentada por el oficialismo como una “fórmula” para fomentar la alegría, la cultura y la economía. Diosdado Cabello, una de las figuras más importantes del chavismo, afirmó que “para el país entero” habrá Navidad, en contraste con los “amargados” de la oposición. Sin embargo, esta celebración anticipada se produce en un contexto de profunda crisis económica y una creciente tensión militar con Estados Unidos, lo que ha llevado a la oposición y a críticos del gobierno a calificarla como una estrategia de distracción.
Figuras como Henrique Capriles han cuestionado la medida, señalando que el gobierno celebra mientras “el salario se hace sal y agua” y el país enfrenta graves problemas en educación y servicios públicos.
La polémica se intensificó con la realización de un espectáculo de fuegos artificiales en El Helicoide, sede del Servicio Bolivariano de Inteligencia (Sebin) y conocido centro de detención y tortura de presos políticos. La Plataforma Unitaria Democrática (PUD) calificó este acto como “perverso e inhumano”, recordando que el lugar es un “símbolo de tratos crueles y de la violación sistemática de los derechos humanos”. Este gesto fue interpretado como una muestra de insensibilidad por parte del régimen, que celebra en un lugar asociado al sufrimiento de cientos de detenidos.
En resumenEl gobierno de Nicolás Maduro adelantó la Navidad al 1 de octubre, presentándola como una medida para fomentar la alegría y la economía. La oposición critica la decisión como una táctica de distracción ante la crisis del país, y condenó un espectáculo de fuegos artificiales en El Helicoide, un notorio centro de tortura.