El presidente de Colombia, Gustavo Petro, ha adoptado una postura de equilibrio frente a la crisis venezolana, rechazando una intervención militar y, al mismo tiempo, exigiendo justicia y diálogo dentro del país vecino. Petro ha asegurado que Colombia no permitirá el uso de su territorio para una invasión contra Venezuela y ha hecho un llamado a la reconciliación. En el marco de la inauguración del Centro de Cooperación Policial Internacional de la Amazonía en Manaos, Petro se pronunció con firmeza sobre la tensión militar, convocando a los países de la región a defender la paz.
Paralelamente, ha utilizado su influencia para abogar por los derechos humanos en Venezuela.
A través de su cuenta en la red social X, exigió la liberación del excandidato presidencial opositor Enrique Márquez, quien lleva ocho meses detenido, así como la de “decenas de colombianos en cárceles venezolanas”. En un mensaje directo al poder en Caracas, Petro escribió: “no se podrá defender Venezuela de la injusticia si la injusticia se ejerce desde el poder”. Esta postura le ha generado críticas por parte de altos funcionarios chavistas, como Diosdado Cabello, quien en el pasado lo cuestionó por apoyar a Márquez, a quien acusa de estar involucrado en planes de golpe de Estado. Petro, sin embargo, ha insistido en que la defensa de Venezuela pasa por la unión de su pueblo, advirtiendo que “un pueblo dividido es fácil de invadir”, y ha reiterado su llamado a la “hora del diálogo, la reconciliación y la unión en Venezuela”.
En resumenLa posición del presidente Gustavo Petro busca un difícil equilibrio: se opone a una solución militar a la crisis venezolana mientras presiona al gobierno de Maduro para que respete los derechos humanos y libere a los presos políticos. Su llamado al diálogo lo posiciona como un actor clave que intenta mediar y evitar un conflicto mayor, aunque esto le signifique tensiones con el chavismo.