Estos ataques, que incluyeron un bombardeo a un hospital en la capital, evidencian una escalada en la estrategia rusa para debilitar la capacidad de resistencia ucraniana.
Durante los primeros días del año, las fuerzas rusas lanzaron una serie de ataques a gran escala. En una sola noche, se registraron nueve misiles y 165 drones dirigidos contra Ucrania, de los cuales las defensas aéreas lograron neutralizar 137. Sin embargo, uno de los ataques impactó un hospital en Kiev, causando la muerte de una persona y dejando varios heridos, lo que llevó al presidente Zelenski a urgir a sus aliados por más ayuda en defensa aérea. La ofensiva también se recrudeció durante la noche de Año Nuevo, cuando Kiev informó del lanzamiento de más de 200 drones rusos contra sus infraestructuras energéticas. Por su parte, Moscú acusó a Ucrania de un ataque con drones en la región de Jersón que habría dejado al menos 20 muertos. La persistencia de los bombardeos se ha convertido en una constante para la población civil, como lo relata un reportaje desde Odesa, donde los ciudadanos celebraron el Año Nuevo a pesar de los “ataques persistentes de drones rusos”. Estos intensos ataques nocturnos sobre la capital han provocado apagones e incendios, y ocurrieron justo en vísperas de una importante cumbre de aliados en París, demostrando la cruda realidad del conflicto en el terreno mientras se adelantan esfuerzos diplomáticos.











