No es bueno. (...) No es el momento adecuado para hacer nada de eso”.

Aunque admitió que era “posible” que el ataque no hubiera ocurrido, dio credibilidad a la versión del mandatario ruso.

En contraste, Francia, un aliado clave de Ucrania, adoptó una postura mucho más cautelosa.

Una fuente presidencial francesa declaró que las afirmaciones del Kremlin no estaban respaldadas por “ninguna prueba sólida, incluso tras cotejar la información con nuestros socios”. Esta divergencia de posturas entre Washington y París refleja no solo la dificultad para verificar la información en medio de la guerra propagandística, sino también las diferentes aproximaciones diplomáticas de los aliados occidentales frente a las provocaciones de Moscú.