Estos eventos demuestran que, a pesar de los diálogos de paz, la confrontación en el terreno continúa sin tregua, afectando a la población civil. El 1 de enero de 2026, Rusia acusó a Ucrania de haber ejecutado un ataque con drones en la región de Jersón que habría causado la muerte de al menos 20 personas. En respuesta, las autoridades de Kiev informaron que, durante la misma noche, Rusia lanzó más de 200 drones contra sus infraestructuras energéticas, continuando con su estrategia de golpear puntos críticos del país. La persistencia de los ataques quedó reflejada en crónicas desde ciudades como Odesa, donde los ciudadanos salieron a celebrar a pesar de las sirenas y el peligro constante. Un testimonio recogido en la ciudad resumía la actitud desafiante de la población: “Si mueren, mueren, pero festejando”. Este intercambio de hostilidades durante un período simbólico como el Año Nuevo subraya la brutalidad del conflicto y la difícil realidad que enfrenta la población civil, atrapada entre los avances diplomáticos y la violencia incesante en el terreno.