Esta acción representa una demostración de fuerza y profundiza la cooperación militar entre ambas naciones, generando preocupación entre los países vecinos y la OTAN.

La confirmación del despliegue fue realizada por las autoridades rusas y corroborada por Bielorrusia.

Los misiles Oreshnik tienen capacidad nuclear, lo que implica que su posicionamiento en Bielorrusia extiende considerablemente el alcance de ataque del armamento estratégico de Moscú, acercándolo a las fronteras de la Unión Europea. Este desarrollo se produce en un contexto de negociaciones de paz sobre Ucrania, pero al mismo tiempo que Rusia endurece su postura y realiza maniobras militares de alto impacto.

El despliegue es visto por analistas como una medida de presión estratégica, no solo en el marco del conflicto ucraniano, sino también como una advertencia a las potencias occidentales. La presencia de este tipo de armamento avanzado en Bielorrusia altera el equilibrio de seguridad en la región y refuerza la dependencia de Minsk del Kremlin en materia de defensa, consolidando un frente militar conjunto que representa un desafío directo para la arquitectura de seguridad europea.