Sin embargo, el presidente Zelenski condenó la ofensiva, declarando que con esta acción, Moscú “no quiere poner fin a la guerra (...).

Busca cualquier excusa para causar mayor sufrimiento a Ucrania e incrementar la presión”.

Estos bombardeos, ocurridos mientras Rusia pasaba el fin de semana atacando diversas ciudades, subrayan la brutalidad del conflicto en el terreno, contrastando fuertemente con el lenguaje diplomático empleado en las conversaciones de alto nivel.