Estos esfuerzos diplomáticos buscan poner fin a una guerra que se acerca a su cuarto año, en medio de un complejo panorama de negociaciones y desconfianza mutua. La cumbre, celebrada el 28 de diciembre en la residencia de Mar-a-Lago, duró casi cuatro horas y fue descrita por ambos mandatarios como un paso significativo hacia el fin de las hostilidades. Trump declaró que las partes están “más cerca de la paz que nunca”, aunque se mostró cauto sobre los plazos.

La estrategia de mediación de Trump ha incluido un contacto directo y continuo con el presidente ruso, Vladímir Putin, con quien mantuvo conversaciones telefónicas “buenas y muy productivas” tanto antes como después de su encuentro con Zelenski. Este enfoque de diplomacia triangular busca alinear las posturas de Kiev y Moscú sobre un borrador de acuerdo de 20 puntos. Como parte de los avances, se acordó la creación de grupos de trabajo técnicos para finalizar los detalles del plan y la organización de una cumbre en Washington en enero con líderes europeos y ucranianos.

Zelenski, por su parte, ha manifestado su disposición a reunirse directamente con Putin, afirmando: “Cómo encontrarnos, en qué formato, nos da igual.

Estamos listos”.

Sin embargo, expresó escepticismo sobre las intenciones de Moscú, señalando la contradicción entre el deseo de paz expresado por Putin a Trump y la continuación de los ataques rusos sobre el terreno.