Desde Moscú, se percibe cualquier despliegue de este tipo como una provocación directa y una línea roja que podría llevar a una confrontación más amplia.

Lavrov fue explícito al afirmar: “Si alguien decide atacar a Rusia, la respuesta será abrumadora”.

Esta postura intransigente refleja la determinación del Kremlin de evitar lo que considera un cerco de la OTAN y de mantener su esfera de influencia. La advertencia también sirve como un mensaje a los negociadores de paz, indicando que Rusia no aceptará un acuerdo que permita una mayor militarización de Ucrania con respaldo occidental. La retórica beligerante de Moscú complica aún más los esfuerzos diplomáticos, ya que las garantías de seguridad son un pilar fundamental de la postura negociadora de Ucrania para asegurar su soberanía a largo plazo.