El presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha asumido un papel protagónico y directo en los esfuerzos por negociar el fin de la guerra en Ucrania, posicionándose como el principal intermediario entre Kiev y Moscú. Su estrategia ha consistido en mantener una comunicación constante y personal con los presidentes Volodímir Zelenski y Vladímir Putin, culminando en la cumbre de Mar-a-Lago, que fue precedida y seguida por llamadas telefónicas con el líder ruso. Trump ha descrito sus conversaciones con Putin como “buenas y muy productivas”, y ha expresado un optimismo medido sobre el éxito de las negociaciones, afirmando que “están funcionando”.
Su implicación personal es vista como un factor clave para mantener el impulso diplomático.
Antes de la reunión con Zelenski, Trump sostuvo una llamada de más de una hora con Putin y planeaba contactarlo nuevamente después. Esta triangulación diplomática le ha permitido a Washington presentar y ajustar el plan de paz de 20 puntos, buscando un terreno común entre las partes.
Trump ha enfatizado que el momento actual es ideal para terminar el conflicto, advirtiendo que la guerra “terminará o continuará por mucho tiempo”. Su rol no ha estado exento de polémicas, como su negativa a enviar misiles Tomahawk a Ucrania para evitar una escalada, una decisión que explicó diciendo: “No es el momento adecuado”.
En resumenDonald Trump se ha consolidado como el mediador indispensable en el conflicto ucraniano, utilizando la diplomacia personal y la comunicación directa con Putin y Zelenski para impulsar un plan de paz. Aunque su enfoque ha generado tanto optimismo como controversia, su intervención ha sido fundamental para llevar las negociaciones a su fase más avanzada hasta la fecha.