El ministro de Asuntos Exteriores ruso, Sergei Lavrov, fue quien inicialmente reportó el presunto ataque.
El propio Putin le comunicó el hecho al presidente Donald Trump en una llamada telefónica, expresando que esta acometida podría llevarle a “revisar su postura sobre algunos acuerdos alcanzados”.
Trump reaccionó con enojo, calificando la acción como inoportuna: “No me gusta.
No es bueno... una cosa es ser ofensivo y otra cosa es atacar su casa. No es el momento adecuado”. Sin embargo, al ser cuestionado, Trump admitió que “es posible” que el ataque no hubiera ocurrido.
Por su parte, el presidente Volodímir Zelenski desestimó la acusación, calificándola como “típicas mentiras rusas” y una “historia obviamente falsa”.
Según Zelenski, Moscú inventó el incidente para tener “una excusa para continuar los ataques contra Ucrania” y “romper con los avances” logrados por los equipos negociadores.













